Una de Road Trip Italia-Francia: Milán

Una de Road Trip Italia-Francia: Milán

Esta va dedicada a la primera parada del camino: Milán. Para saber la ruta que hicimos en el Road-Trip, se puede ver aqui.

Intentaré hacer un resumen porque habría cosas que contar para varios post.

Nos dirigimos desde Madrid haciendo noche en un pueblo de Zaragoza (La Puebla de Alfinden) a Milán haciendo el viaje por toda la costa, hasta que finalmente llegamos el sábado noche a Milán. La conducción cambia radicalmente desde Francia a Italia, teniendo en cuenta que en cuanto pones una llanta en suelo italiano empiezas a temer por tu vida y el caos se adueña de la autopista.

Vamos a casa de Lore y Fabri que nos acogen en Settimo Milanese, a unos 7 km de Milán. La primera parada, como no puede ser menos, consiste en ir a cenar pizza al Non Solo Pizza, en la calle Rafaello Sanzio. Nada que ver con la pizza a la que uno esté acostumbrado… esta le da cien vueltas. Y lo mejor: muy bien de precio.

A continuación, http://www.lachiesetta.it/ a por unas rondas de Mojitos en este pub decorado como una capilla muy original. La primera noche en Italia muy completa, si señor.

Al día siguiente nos levantamos y nos disponemos a recorrer Milán con los mejores guías. Primera parada enfrente del estadio de San Siro: Hipodromo.

Alli está el caballo diseñado por Leonardo Da Vinci.

Compramos billete para el tranvía (4.50€ el billete diario, cuando pienso en el precio desde Londres me parece un precio imposible), pero resulta que el tranvía está estropeado (ley de Murphy, con lo bucólico que es el tranvía). Al bus de reemplazo.

Vamos a Piazza Cadorna, la plaza con la superaguja en el centro entrando y saliendo del suelo dedicado a ser la capital de la moda.

Me encanta esta aguja.

Nos dirigimos pasando por donde está situado el Cenacolo Vinciano, aunque no entramos a verlo ya que había saturación en la taquilla para ver La última cena. La próxima vez quizá. Me queda en pendientes.

De camino vemos el Castillo Sforcesco, enfrente del cual hay toda una legion de gente de la Liga Norte, el partido político de derechas contrario a la inmigración, etc. Mi madre, que miedo. Además menudos disfraces. Sólo en indumentaria calculo que hayan invertido la mitad del presupuesto.

Desde alli llegamos al Duomo.

No hay palabras para la catedral. Todo lo que se diga es poco. Impresionante. Catedral gótica que se remonta al 1075.

La primera vez que estuve aqui entramos en el Duomo, los militares que controlan la entrada me hicieron dar la vuelta a pesar de que iba con manga corta. Esta vez no entramos, lo dejamos para otra ocasión. Pero es impresionante por fuera, aunque no sea la primera vez que la visitas.

Y como no, a la galería. La galería de tiendas con la cúpula impresionante que da a la Scala.

3 vueltas sobre un talón en los cojoncillos del toro que está en el suelo para volver a Milán. Eso que no falte.

Yo lo hice la primera vez. Y como vemos, volví.

Atravesando la Galería, hacemos una parada en la Scala.

Tras esto, volvemos sobre nuestros pasos dejándonos a la espalda el Duomo, y caminamos por Via Torino (otro eje comercial).  Estamos ligeramente famélicos así que nos comemos una piadina con la cotoletta alla milanese y como postre una especialidad del Alto Adige/Südtirol (algunos comieron un Preztel, otros una tarta de queso, otros una galleta tipo cookie…) que parada técnica más necesaria.

Llegamos caminando hasta Le Colonne di San Lorenzo, que por la noche es uno de los puntos de quedada tipo “botellón”.

De allí, recorremos la Via di Porta Ticinese, una de las puertas de la ciudad, que se abre hasta el Rio Ticino.

Y llegamos a I Navigli Milanesi, los canales. Se construyeron en su momento para transportar las piedras de construcción del Duomo.

Comerse un crèpe en los canales no tiene precio.

Un paseo al atardecer por los canales de Milán. No hay palabras.

Desde ahí cogemos Porta Genova (logicamente otra de las puertas de la ciudad) hasta la Estación Central, y volvemos a Piazza Cadorna dando un paseo por el cuadrilátero de la moda (vamos, tiendas de estas baratillas tipo Gucci, Dior, Prada, etc). Yo pensé comprarme alguna cosilla pero porque estaba cansada, que me van a mi mucho esas tiendas… (no).

De camino cosas tan originales como las señales de STOP que vemos en la foto.

Brutales, está lleno de ellas.

Cenamos en casa y al día siguiente, emprendemos el siguiente paso del viaje: Visita a Módena. Esto para el siguiente post sobre el viaje.

A la vuelta, de toda la ruta italiana volvemos a desembarcar en Milán. La primera parada de esta segunda incursión milanesa es, como no, Shokolat.

Da igual que sea enero y da igual que estemos helados de frío a las 8 de la noche, siendo como soy, más friolera que un pingüino. El helado de Shokolat es imperdonable.

Vamos a cenar de despedida, ya en Settimo Milanese, en Oasi Rosa. Momento parrillada de pescado (frito misto), pannacota, vino Chianti y risas con amigos. Una cena de despedida de Italia por todo lo alto.

Es la 2º vez que voy a Milán y cada vez que voy me gusta más, habiendo visto más o menos lo mismo en ambos viajes tengo muchas ganas de volver. Claramente por la compañía, gracias a los cuales una descubre rincones estupendos (guiño).

(Parte de las fotos de este post fueron sacadas por Luis Fernandez).


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