Una de iPhone e ingleses…

Una de iPhone e ingleses…

Mi entrada de hoy va para el momento surrealista vivido ayer…

Durante el mes de Mayo he cogido 8 vuelos y recorrido 10104 Km (que los he contado), transcurriendo la mayoría con una normalidad extraña teniendo en cuenta mi atracción hacia el caos y las situaciones inexplicables…

Ayer salgo de trabajar y me cojo un taxi a la T4… Llego, facturo, me dan asiento confirmado… En este tiempo he comprobado que viajar en Iberia de Madrid a Londres y viceversa, significa viajar con todo ingleses y el avión medio vacío. De 8 vuelos que he cogido este mes únicamente uno iba lleno, y casi siempre era gente inglesa (ligera diferencia con los Iberia Asturias-Madrid, que siempre alcanzan el lleno absoluto).

Volvamos al embarque: paso el control de seguridad con tiempo de sobra, un zumo, teléfono y Whatsapp echando humo, Facebook, Twitter, FourSquare… Por fin, embarcamos al avión.

Entro en el avión y compruebo que tengo la 9A, ventana y salida de emergencia… No me gustan nada las salidas de emergencia, voy incómoda y tengo que dejar todo en el compartimento de arriba. Pero bueno, me siento, y acto seguido se sientan a mi lado un matrimonio de ingleses, de unos 40 años. Embarca el resto del pasaje y despega el avión.

Los ingleses empiezan a revolverse y a hablar en bajo, se levantan en cuanto se apaga la señal de cinturones y empiezan a buscar algo. Yo ya poniendome a 100, la mujer arrastrada por el suelo, mira debajo de sus asientos, del mio, levanta el cojín de su asiento, va hacia atrás por el pasillo agachada buscando, yo ya a punto de dar un par de voces… Ya no puedo más y toda maja les digo: Perdón, les puedo ayudar?

La mujer agradecida hasta la muerte (tampoco era para tanto) sigue a lo suyo y el hombre empieza a contarme que se le ha caído el móvil del bolsillo cuando despegaba el avión, que oyó la caida, y que no lo encuentran.

Yo hago amago de buscar un poco alrededor, pero enseguida sigo leyendo Ensayo sobre la ceguera en mi Kindle, que la historia está demasiado intensa como para buscar el móvil del inglés este (encima iPhone…)

La mujer vuelve, le dice al marido que se lo diga a las azafatas, que les ayudarán. Nada, siguen como ninjas buscando, especialmente ella (yo pensando ¡será vago! ¡sólo sabe quejarse y no levanta el trasero del asiento!) va, viene, hablan, sacan las cosas de la bolsa, revuelve, vuelve a subirla al compartimento, etc.

Consigo zambullirme de nuevo en el Kindle y en la historia a pesar de la crisis del iPhone, y una vez totalmente metida de lleno, el inglés (que sigue sin levantarse), me pregunta: ¿Cómo encuentras el Kindle, te gusta? (no puedo seguir leyendo tranquilamente, no) y empieza una disertación sobre que los Kindles son los mejores ebooks que hay y que un amigo lo tiene, y lo suave de la textura, y blablabla… (el suicidio pasó por mi mente).

La mujer vuelve al asiento y me salva de la tesis del Kindle. Aprovecho para volver a la historia antes de que vuelvan a la danza del iPhone y consigo abstraerme de nuevo. Tras un rato, se oye por megafonía: Atención por favor, estamos experimentando serias interferencias con los instrumentos del avión, rogamos apaguen todos sus dispositivos electrónicos.

Apago el Kindle y miro a los ingleses, ella está muy nerviosa y le dice al marido que hable con la tripulación ya, que es serio. Llaman a la azafata y se lo dicen, el marido empieza a decir que se le ha caído, que alguien lo tiene, que no lo encuentran. Primera pregunta lógica de la azafata: ¿Pero estaba encendido? A lo que el inglés responde: Si, y pido perdón. Pero alguien me lo ha robado claramente porque no está en el suelo!

Empieza el barullo, las azafatas van a decírselo al comandante y a la vuelta levantan los cojines de los asientos, registran todo, levantan a los pasajeros de las filas de detrás para que la mujer pudiera arrastrarse de nuevo en las otras filas… Pero nada, no aparece.

Se le ocurre entonces al inglés la brillante idea de que lo mejor es llamar a su móvil, a lo que lógicamente se oponen las azafatas y le dicen que no es posible, que vamos a aterrizar en 20 minutos y que lo intente después. No se queda nada conforme con la solución pero se calla (al fin). Y yo, sin poder leer en el Kindle por su culpa.

Empezamos a descender. El inglés pregunta inocente a una azafata si su teléfono afectará a los instrumentos de vuelo para el aterrizaje (preocupadísimo para el aterrizaje… para el despegue debe ser que no afecta) y le dice que van a cambiar no se qué en el procedimiento para que no haya problema (yo acordándome de Aterriza Como Puedas y los instrumentos…). El avión, tras algún movimiento brusco, aterriza. Y da un frenazo como si fuera yo con mi Seat Ibiza.

En ese momento saltan del asiento y llama la mujer al teléfono del marido. Empieza a oirse el iPhone, pero no se sabe dónde.

A todo esto yo ya preparada  en el pasillo del avión con mis bultos encima, intrigada a ver donde aparecía el iPhone. Pues me quedé sin saberlo porque las puertas se abrieron y como que no me iba a quedar esperando…

No recuerdo las veces que he ido en avión… Desde que existen móviles siempre he pensado que no dejan encenderlos para que no hagan interferencias todos al mismo tiempo, pero que por uno no pasaría nada (de hecho no me creo que todo el mundo lo apague…) Sin embargo queda claro que con un iPhone de por medio, hasta los pilotos tienen que cambiar la forma de aterrizar.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

About Kora

Asturiana en London. Geóloga. Espíritu crítico v.2.0 y algo friki de las nuevas tecnologías y bueno... friki de casi cualquier cosa. Viajes, naturaleza, Geología, curiosidades... Mente inquieta, con la sensación de haber aterrizado ayer en London con mucho que ver y hacer por delante.

One Response »

  1. Pingback: Una de iPhone e ingleses… | Crossing Roads

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.